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La UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNICEF, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la UIT, Unión Internacional de Telecomunicaciones, acaban de publicar algo que la educación digital necesitaba desde hace tiempo: una carta de principios que pone el aprendizaje —y no la tecnología— en el centro de la conversación.
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Lanzada en Helsinki, Finlandia, con motivo del Día Internacional del Aprendizaje Digital, esta Carta ofrece la primera orientación oficial de las Naciones Unidas para que los gobiernos desarrollen plataformas de aprendizaje digital que defiendan la educación como un derecho humano y un bien público.
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¿Para qué sirve concretamente?
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La Carta no es una declaración de intenciones. Es una herramienta práctica: guía la creación de nuevas plataformas, permite evaluar y mejorar las existentes, y facilita la cooperación internacional en torno a estándares comunes. Su propósito central es que las plataformas digitales complementen y fortalezcan los sistemas educativos, sin reemplazar a las escuelas ni a los docentes.
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Siete principios que lo cambian todo
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La Carta propone siete principios no negociables para cualquier plataforma pública de aprendizaje digital:
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1️⃣ Pública: gobernada y financiada por autoridades públicas.
2️⃣ Inclusiva: accesible para todos, con soporte multilingüe y diseño adaptado a dispositivos de bajo costo y conectividad intermitente.
3️⃣ Pedagógica: dirigida por docentes, diversa en métodos y equilibrada entre guía e independencia.
4️⃣ Complementaria: refuerza la escuela presencial; no la sustituye.
5️⃣ Abierta: construida sobre estándares abiertos y licenciada para su reutilización.
6️⃣ Enfocada: orientada por necesidades educativas reales, no por tendencias tecnológicas.
7️⃣ Confiable: segura, apropiada para cada edad y responsable en el manejo de datos, especialmente cuando integra inteligencia artificial.
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¿Qué se espera de aquí en adelante?
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Que los países adopten estos principios como referencia para diseñar, financiar y auditar sus plataformas educativas digitales. La Carta posiciona estas plataformas como bienes comunes digitales: públicas en su financiación, abiertas en su arquitectura y accountables ante la sociedad.
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En CYK alineamos nuestros desarrollos con exactamente estos criterios: plataformas pedagógicamente sólidas, inclusivas, centradas en el usuario y construidas para potenciar —nunca reemplazar— la labor docente.
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¿Está tu institución o gobierno local diseñando plataformas digitales con estos estándares… o todavía improvisando?
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